Tronía

Entre los verdes prados de Tronía, el sonido de los cencerros acompaña al viento que llega desde los cercanos acantilados de Pimiango. Aquí las cabras pastan libremente, formando parte de un paisaje sencillo y lleno de vida donde el campo y el mar se encuentran a escasa distancia. Es uno de esos lugares que recuerdan que la belleza no siempre está en los grandes monumentos, sino en la tranquilidad de un instante y en la autenticidad del entorno.