Levantado en el siglo XV sobre el cerro de San Cristóbal, el Castillo de Belmonte domina el paisaje manchego con la misma imponencia con la que lo ha hecho durante siglos. Su singular planta estrellada, sus robustas torres y sus murallas lo convierten en una de las grandes fortalezas del patrimonio español. Pasear por sus estancias es recorrer páginas de la historia de Castilla, mientras desde sus almenas la mirada se pierde entre los amplios horizontes de La Mancha, donde el tiempo parece transcurrir con la misma calma que hace quinientos años.